Tercer escrito: "Guardaespaldas"
Cuando era chica vi la película de Whitney Houston, me
gustaba mucho como cantaba y ver esa historia donde un hombre la cuida de todos
los peligros a su alrededor siendo hasta capaz de dar su vida por ella. No siempre
conocemos personas así, pero yo tuve la suerte de conocer a dos guardaespaldas.
La menor de tres, la malcriada, la mimada, la única mujer,
me dio algunos beneficios debo admitir, pero el mayor beneficio fue el de
tenerlos a ellos dos siempre a sol y sombra, pase lo que pase velando por mi
bienestar, como el de la película.
De chica me tocó vivir situaciones vinculadas a mi papá que
no estaban buenas, en un principio era muy chica y no entendía lo que sucedía
es más creo que dormía en esos momentos. Pero había un joven, que al ser el más
grande de los tres, le tocó tener más conciencia de lo que sucedía y ser el
guardaespaldas a medida que fui creciendo. Recuerdo cuando salía corriendo
hacia su cama y él me abrazaba, me tapaba mis oídos y me decía –“Quédate
tranquila, no pasa nada, dormí” siendo él muy chico también. Son esos momentos
de la vida donde haces lo que te nace, lo que tenes dentro y él siempre tuvo
muchas cosas buenas dentro suyo.
Al mismo que hace unos años atrás le tocó cursar una
enfermedad de mierda que ni nombrarla quiero, me hizo llorar pensando en el
peor escenario como sería el perderlo, pero como todo guardaespaldas fuerte se
puso su armadura y la peleo como un grande, admiré esa fuerza que saco de no sé
dónde (algún día se lo preguntaré) y continuó enseñándome que en la vida hay
que ver lo positivo, lucharla y seguir.
En mi primer escrito les conté que fui mamá muy joven lo
cual trajo algunas cuestiones después como lo es la crianza (y que difícil era
porque prácticamente ni sabia lo que estaba haciendo) yo tenía que volver al
colegio porque cursaba mi ultimo año, mi mamá trabajaba todo el día y había que
ver qué hacíamos a la mañana. Y otro joven de tan solo 19 años que decidió
acomodar todas sus materias de la facultad por la tarde para cuidar a esa bebé.
Ahora pienso lo que debió significar para él aprender a cambiar pañales,
preparar una mamadera y cuidar a esa bebé. A veces vivo la vida tan deprisa que
nunca me detuve a agradecerle por ese gesto de puro amor, mi mamá siempre dice
que de los tres él es el del corazón más bueno, quizás si sea así.
Recuerdo que una persona me dijo cuando cumplí mis quince
que a partir de ahí la vida se pasa volando y fue verdad. Son tantos momentos
que me tocaron vivir y que espero poder poner en letras para contarlos de a
poco, pero si me pongo a pensar en todos esos momentos siempre estuvieron
ellos, de una u otra manera, cuidándome. Sé que sea la hora que sea, estaban.
Como en los cuentos que cuando necesita el protagonista
ayuda mágicamente aparece el hada con la solución, yo los tengo a ellos mis
guardaespaldas que se volvieron también los cuidadores de mis tres hijos.
Muchas veces extraño aquellos tiempos en mi casa cuando éramos los cuatro con
mi mamá, saber que ellos estaban en la otra pieza y podía ir a molestar ahí, o
las peleas típicas que suelen tener los hermanos. Son esos momentos que uno no
valora y cuando pasaron decís qué hermoso era verlos a diario, tenerlos.
Mis guardaespaldas no solo me cuidaron, sino que demostraron
que, a pesar de no tener una buena imagen de padre, pudieron ser: uno el mejor
papá, cariñoso y atento a sus hijas, un esposo presente y digno de admiración
por la familia que formó. Y el otro que se animó a hacer su camino lejos de la
familia, en una provincia donde no conocía a nadie, estando solo y fue
construyéndose desde abajo hasta el día de hoy que puede conocer el mundo y yo
a través de sus fotos y videos. Pero que a pesar de que hay 1.084 km de
distancia, yo lo siento cerca cuando hablamos cada noche.
Una anécdota que siempre cuento que mi papá nos puso el mismo
nombre a los tres Gustavo Andrés, Fernando Andrés y Andrea para que tengamos
algo en común sin saber que más allá de un nombre compartimos muchas cosas como
la responsabilidad, el buen corazón y nobleza que mi mamá nos impartió desde chicos.
Gracias a los dos por cuidarme desde siempre, por ser mi
hogar, y los mejores guardaespaldas que una persona puede tener y aunque no lo
diga con frecuencia, admiro profundamente la persona que son.

Comentarios
Publicar un comentario