Olas que se llevan, olas que enseñan
Mucho tiempo ausente.
Muchas cosas pasaron.
Y la vida, como siempre, siguió corriendo.
El 2025 fue un año lleno de aprendizajes.
Un año que me enseñó que nada sucede porque sí, que cada situación que
atravesamos es por algo… y para algo.
Cuando una está abrumada por la vida, lo primero que piensa
es en dejar todo.
En mandar a todos a la mierda.
En empezar de cero.
Pero con el tiempo entendí que eso no siempre sirve.
Porque empezar de nuevo, a veces, es repetir los mismos errores… solo que con
otras personas, en otros lugares, en otras historias.
El año pasado pude volver a irme de vacaciones después de
muchos años.
Y ahí me di cuenta de algo simple pero enorme: es necesaria la desconexión.
Ese mimo de estar en otro lugar, de ser turista, de no mirar el reloj.
Y si es con el mar… mejor.
Dicen que el mar tiene una energía fuerte, que se lleva lo
malo, que limpia.
Yo no sé si será cierto, pero sí sé lo que sentí:
olas que van, olas que vienen… y algo dentro mío que también se acomodaba.
Este 2026 pude darme nuevamente ese gusto.
Y mientras miraba el agua, pensaba en lo afortunada que soy.
En poder vivir esos momentos.
En tener una familia que siempre me da una mano.
En ver a mis hijos disfrutar durante horas, como si el mundo no pesara.
Y ahí, inevitablemente, pensé:
Gracias Universo.
Gracias Dios.
Gracias por permitirme esto.
Porque en el andar diario, muchas veces vivimos en
automático.
No valoramos.
No agradecemos.
Nos sentimos ahogados en problemas que tienen solución y
dejamos de lado lo más importante:
Hoy estamos vivos.
Respirando.
Con salud.
Y con quienes amamos cerca.
Este año me propuse vivir desde otro lugar.
Disfrutar cada día.
Agradecer más.
Tener metas cortas, posibles, reales.
Mi hermano me regaló una agenda.
Al principio la miraba sin saber qué hacer con ella, porque mi vida es bastante
rutinaria.
Hasta que decidí hacerla mía.
Siempre me gustó diseñar, hacer collages, escribir…
Y así empecé: llenándola de frases, propósitos, ideas, y estos escritos que
aparecen cuando me visita la inspiración.
Aprendí a transformar el caos en aprendizaje.
A no ser rencorosa.
A entender que algunas personas llegan con una razón, con un fin… y luego se
van.
Y aprendí también que siempre hay una vuelta.
Antes dejaba que las cosas me ahogaran.
Hoy, si no puedo solucionarlo en el momento, respiro.
Mañana pensaré.
Intentaré otras maneras.
Siempre desde la humildad de saber que soy humana.
Que cometo errores.
Pero que lo importante es aprender… y crecer.
Agradezco incluso el dolor, porque me hizo más fuerte.
Porque la vida es esto:
Sonreír cada día.
Vivir cada instante.
Amar a cada hora.
Disfrutar cada segundo.
Y así será.
Lo decreto.

Comentarios
Publicar un comentario