Segundo escrito: "Había una vez"

 

Había una vez una princesa que vivía en su reino tranquila, un día salió a dar un paseo y conoció a un príncipe encantador de un reino cercano. Primero se hicieron amigos, caminaban y ella quedaba hipnotizada con las asombrosas historias que él le contaba sobre sus viajes y aventuras.

Al tiempo, la princesa comenzó a enamorarse, pero para que del otro lado pasara lo mismo había algunas condiciones que cumplir: bajar de peso, mejorar su dentadura, su nariz y sus pechos… fue así como ella comenzó a esforzarse con todo y fue logrando una a una cada meta. Lo cual le gustó al príncipe y la miró con otros ojos.

En cada paseo que daban escuchaba voces de personas que le decían que se cuide porque ese príncipe en realidad era otra cosa, pero como siempre ella decidió no escucharlas y seguir caminando junto a él. Como un encantador de serpientes, con sus hermosas y justas palabras fue envolviéndola, encegueciendo su razón.

Un día decidió dar un gran paso, dejar su castillo y buscar uno propio. Con todas las ilusiones que eso implica, un lugar nuevo, un nuevo capítulo de su historia. Muy astuto el príncipe fue dejando de a poco sus pertenencias en el castillo, pero sin dejar el suyo propio. Lo cual a ella la llenaba de dudas, algunas veces se lo planteó, pero luego terminaba sin respuestas, hasta que termino conformándose y dejando esa duda de lado.

Los meses pasaban, y era muy feliz, pero como siempre pasa, esa felicidad no iba a ser para siempre, poco después se enteró que su príncipe encantador visitaba a otras princesas en otros reinos, lo cual le produjo un inmenso dolor como suelen producir las mentiras cuando salen a la luz, pero como siempre, él utilizo sus encantos y terminó convenciéndola de que el perdón era el mejor camino que debía tomar. Aunque nunca más volvió a ser ella misma, las mentiras tienen algo en común: todas lastiman y rompen la confianza. Ese castillo que en un comienzo le dio libertad, se había convertido en una cárcel porque sin saberlo poco a poco se fue alejando de todos los que le advertían de lo que veían y le pedían que se aleje.

Aquellas voces que había escuchado en sus paseos cuando los veían juntos, empezaron a venir a su cabeza cuando ese príncipe encantador comenzó a transformarse o quizás ella fue saliendo de ese encanto del cual estaba sumergida, primero fueron unas palabras ofensivas, luego fueron golpes… si la princesa no escuchó las advertencias y terminó en su castillo, encerrada cada vez más triste y sola. Algunas veces hizo el intento de defenderse, pero era imposible ganarles a las fuerzas que el príncipe encantador tenía. En las últimas veces, ya no lo intentaba porque su pensamiento era que “quizás el príncipe con un golpe justo podría poner el fin a esta historia”. Y aunque las princesas esperan el final feliz, ella ya no lo esperaba porque su cuento, más bien, era una pesadilla.

Pero siguió allí en ese castillo oscuro, hasta que un día la princesa se enteró de una noticia, venia en camino un bebé, lo cual le trajo mucha alegría y tristeza al mismo tiempo porque era una nueva vida, pero que la uniría a ese presente triste que tenía. Aun así, puso su mejor sonrisa y siguió caminando, hasta que una noche viendo las redes sociales del reino se enteró que su príncipe andaba encantando otros reinos, nuevamente. El príncipe encantador que ya no era ni príncipe ni encantador. sino un cretino en su historia, decidió irse con otra princesa que había conocido paralelamente en el tiempo que estuvo con ella. Y fue así como con el dolor más grande, ella se aferró a esa vida que llevaba en su vientre, poniendo lo mejor de sí para que crezca sano a pesar de la situación que estaba viviendo.

Y su felices para siempre no fue con el final que todos los cuentos tienen, su final feliz fue ella sola con su hijo, sanando cada herida que le toco vivir, aprendiendo de las mismas y creciendo a pasos agigantados, se puso su armadura y continuo su camino entendiendo que no necesita de ningún príncipe para ser feliz.

                               Fin.

 

“Las princesas deben ser tratadas como tal, con respeto, amor y cuidado.   No deben aguantar nada, y a la primer falta de respeto ya sea una mentira, un tono de voz elevado debe abandonar ese lugar. Las personas no cambian, quizás hacen buena letra un tiempo, pero cuando algo se rompió no se puede volver a arreglar.”









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